domingo, 29 de noviembre de 2015

"El hechizo de Circe" o cómo convertir en glamuroso cosmético a un triste linimento oleocacáreo


Hay productos cosméticos que tan sólo necesitan ser utilizados para convencer de sus múltiples virtudes, eso es lo que le ocurre al linimento oleocalcáreo, una mezcla a partes iguales de agua de cal y aceite a la que se añade una pequeña cantidad de cera de abejas que hace emulsionar la mezcla. A pesar de su simplicidad es capaz de mejorar las irritaciones cutáneas más persistentes y se hace imprescindible cuando tenemos bebés en casa.
Este producto no es una invención moderna, ya aparece descrito en el Codex francés de farmacia en el siglo IX como remedio para las quemaduras. Sobre él se aplicaban vendas de lienzo o tafetán mojadas en agua de nieve, de ahí que se le conozca como Linimento oleocalcáreo o Agua de nieve.
Sus indicaciones son de lo más variopintas: se puede utilizar en los cambios de pañal sustituyendo a las toallitas, para curar el eritema del pañal,  como hidratante de pieles atópicas, también hay quién lo utiliza como desmaquillante (en ese caso debemos retirar el exceso con un tónico facial), para ablandar la costra láctea de los bebes y para prevenir las temidas escaras en personas encamadas.
Son tantas y tan buenas las propiedades de este producto que a la hora de preparar una etiqueta ninguna me parecía bastante, pero mira tú por dónde el año pasado me invitaron al cumpleaños de Ulises, un chico joven de lo más inquieto y creativo. Pensando en su regalo y puesto que en ese momento estaba ingresado en el hospital preparé un neceser a su medida, pero las etiquetas que les pongo a mis botellitas eran demasiado insulsas para la ocasión, así que en su honor rebauticé este linimento como "El hechizo de Circe", puesto que en la Odisea Circe cura a Ulises sus heridas con hechizos y así consigue retenerlo durante todo un año. Lo que debía ser tan sólo una anécdota para un regalo divertido se convirtió en costumbre ,todo el mundo comenzó a pedir las etiquetas de Ulises. Por supuesto hubo que pedir permiso al cumpleañero ya que estaban hechas para él y como es generoso aceptó compartirlas con el mundo.
Esta es la historia de como un producto tan simple como efectivo puede transformarse por arte de magia en un cosmético glamuroso e innovador a pesar de haber nacido en plena Edad Media.


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